Sobre todo, cuando empezás como un soldado de guerra civil a buscarle la vuelta para escapar de ella es cuando te das cuenta que no podes escapar y que es tu karma. Claro, el problema es que los karmas se llevan si uno quiere, si Jesús hubiera querido, largaba la cruz y moría ahí mismo, antes de ser crucificado, y sin cruz en sus espaldas, pero el tipo siguió cargándola aunque sabía el final.
Vos cargas la cruz si se te antoja y tenés que saberlo, nadie debería obligarte, menos hoy.
Te veo como te parás a la orilla de la playa nevada y miras ese cielo que te mantiene con impuestos diarios, no te va a dar ninguna respuesta, seguramente obtengas mas respuestas mirando el pronóstico del clima, el último que quiso mirar el cielo y obtener respuestas, se quedó ciego, el sol lo terminó de dejar más ciego aun, tanta brillantez le encandiló las fosas nasales y terminó con tabiques de metal intercambiables.
Justo el sol no es lo que hay que mirar, el sol es una roca encendida, como cualquier otra roca de las que caen en tu cabeza cuando levantas tu bandera y te declaras en guerra por tu independencia.
El sistema no está preparado para tu independencia y es quien decide declararte la guerra, y como él es la versión oficial, va a decir que fue él quien primero te la declarare. Tus oídos sordos van a llevar la misma bandera necia por independencia, flameando alto y mostrando que por ella matas, que por ella hoy salís a buscar la victoria, por ella ganas uno a cero y te encajas un buen baño de sangre, de esa bien roja que ves en las películas de acción, para que no se te olvide nunca, que la bandera cuesta sangre.
El sistema nunca te quiso, el sistema te necesita, son cosas diferentes, si vivís a su paso, y a su lado, vas a poder vivir, ni tranquilo ni bien, solamente vivir, pero si decidís enfrentarle, vas a pasarla mal, es así, y así será toda la vida. No entiende de razones ni excusas, mucho menos de respeto, el no te respeta, ¿deberías respetarlo?.
Te necesita para cobrarte los impuestos con que el abastece sus mas excéntricos deseos. Te necesita para sentirse poderoso, te necesita para sentirse realizado, como cuando un general manguerea a sus subordinados a las 3 de la mañana en invierno.
No es negocio que estés muerto, tendría que dejar de comprar bocaditos cabsha para ganarse minas en hoteles de alta rotatividad, tampoco es negocio que vos seas un mal ciudadano, debería privarte de tu libertad, y allí no pagarías más impuestos.
El negocio es que seas tratado con la ley de la cucaracha, la pata, siempre en tu cabeza.
Poco importa tu felicidad, lo que aquí interesa es la felicidad de él y de los que lo rodean en su invisible y – muy pero muy - destruible pedestal.
Hoy te declaré la guerra y sabes cómo es el final. Hoy me saqué la cruz de encima, el karma, los clavos y las tuercas, hoy rompimos la camisa de fuerza, las bolsas de nylon que nos ataban a vos y la cucaracha se vacunó contra el Raid, hoy nos levantamos con ganas de amargarte la vida, con esas ganas locas que te vienen cuando los ojos ciegos de tanto ver el sol, comienzan a mirar la tierra, y se dan cuenta que, vivir en el cielo es el paso anterior a caer en picada, y caer en picada es el paso anterior a la muerte.
Nos dimos cuenta que las águilas que buscan el sol saben que van a morir por buscarlo, por eso nunca nos gustaron las águilas, no nos gustan los finales escritos, nos gusta escribir el nuestro, nos dimos cuenta que se puede ir contra la corriente, pero, es mejor destruirla, no es fácil, por eso es preciso solamente un golpe, un solo golpe, pero golpe mortal y la corriente no electrocutará jamás.
Me levanté con ganas de sangre, quiero ver las veredas llenas de sangre derramada por tu derrota, sabes cómo es el final, no sos ningún profeta, pero a mí el sistema me tiene podrido, es hora de que me tome el tiempo de formatear este maldito disco duro y dejar que se llene de otras cosas, que jamás nadie podrá regularizar. Es hora de patearte más la pelota, es hora de que practiques, porque sos mal golero. Es hora de que te enteres, que esta guerra la gané yo.
Me entristece que aun veas mis ropas en el placar y tus deudas como las mías, que aun sigas mirando ese sol, ¿no te das cuenta que te sigue dejando ciego? ¿No sabes que ya no pago más mis impuestos?. No sos un águila, no tenés el final escrito, y no sos profeta. Tampoco te llamas Destino.
Sos el sistema, y todos los sistemas cayeron, más tarde o más temprano, pero cayeron, y la caída – ésta es la mejor parte – fue muy dolorosa, vos más que nadie debería saberlo.
En algún momento fuiste como yo, y derrocaste al antiguo sistema para poder entrar en vigencia, tu fecha de vencimiento es hoy.
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